El problema (y la chispa de la serie) es que su escuela les obliga a participar en un programa de "prácticas matrimoniales". Los estudiantes deben vivir como pareja en un apartamento simulado, siendo evaluados en "puntos de amor" para aprobar. Jirō y Akari terminan emparejados, y aunque al principio no se soportan, viviendo bajo el mismo techo, la línea entre "pareja práctica" y "sentimientos reales" se difumina constantemente.